Hablar de lo que se lee – Análisis del desarrollo de la oralidad en la secuencia

Hablar de lo que se lee

Hemos hablado hasta ahora de lo que significó en nuestra secuencia didáctica el leer leyendas, un trabajo pensado básicamente en la aproximación del concepto de leyenda y sus características, abordada desde diversas estrategias que además, apoyaron los procesos de construcción de la lectura convencional, que se venían trabajando en cada una de las aulas.

A partir de estas actividades, notamos un elemento clave en el proceso de la lectura, y es la participación oral de los niños en las conversaciones, en las cuales los niños nos dieron pistas acerca de la manera iban asumido los conceptos o aprendizajes sugeridos sobre las leyendas. Esta motivación por lo leído y el querer expresar su comprensión acerca de la forma como estaban percibiendo su realidad, propició un acercamiento mayor hacia la lectura. Digamos que la literatura fue el motor para querer saber más, para indagar un poco sobre su realidad y confrontar lo que estaba viviendo en la escuela con su entorno familiar y social. Esa incitación llevó a los niños a buscar otros textos y traer de nuevo a clase, sus consultas para compartir.

Tengo muchas cosas para contar: ¡Puedo participar!

Para enriquecer ésta reflexión en torno a “hablar lo que se lee”, es importante mencionar que el aspecto esencial del lenguaje es el de ser un sistema de comunicación inserto en una situación social; por lo tanto, no sólo es un proceso cognoscitivo, sino también un comportamiento simbólico, actividad esencial y genuinamente social. El trabajo en aula, por tanto, se convierte en un espacio enriquecedor de saberes provenientes de una cultura ya que la lengua de una sociedad es un aspecto de la misma. Al desarrollar el lenguaje, paralelamente, se desarrolla la capacidad de pensamiento y el sistema lingüístico condiciona la percepción del universo y, por consiguiente, la forma de pensar. Al hablar, el niño está participando de ésta construcción individual y colectiva a la vez, al ser influido e influir en los demás, en una constante comunicativa que le permite potenciar, enriquecer y transformar su expresión oral.

En nuestro trabajo, decidimos centrar nuestra atención, en la descripción de personajes de las leyendas, asumiendo el hecho de que es un elemento clave en este tipo de literatura; el contexto donde se desarrolla la historia puede variar, incluso algunas características de los personajes también, pero notamos entre los niños que su atención se dirigía hacia lo que los personajes hacían y cómo se presentaban en las historias. Luego veremos, hasta dónde los niños logran un nivel de compenetración con este elemento clave de la literatura a través de sus propias expresiones.

En cada una de las ‘lecturas’ propuestas, se propiciaron espacios en los que los niños hablaban de las leyendas, describiendo características particulares o generales de los personajes, opinando acerca de las sensaciones que les producía y en ocasiones tomando partido sobre sus acciones.



El acercamiento que se hizo con los niños sobre la literatura, desde su especificidad, permitió evidenciar que esa expresión oral adquirió un tono especial, porque ahora ellos tenían de qué hablar, siendo el pretexto para iniciar una comunicación en doble sentido: por un lado, el texto discursivo que el niño empezó a manejar en casa, al narrar lo hecho en clase al encontrarse con textos hasta entonces desconocidos, el confrontar su nuevo saber con las historias y anécdotas de sus familiares en torno a dichas historias y, por otro lado, la comunicación entre pares y la del niño con el adulto al indagar por nuevas historias, al compartir y participar esas nuevas situaciones surgidas en casa, comunicación fluida que ahora nacía porque había de qué hablar.

Recordemos que el lenguaje oral es el instrumento fundamental, por el que son transmitidos los modelos de vida, la cultura, la manera de pensar y actuar, las normas y valores de una sociedad. El acercamiento a la literatura de leyendas, por tanto, fue una forma de estimular el gusto por la misma pero también el de rescatar aquellas tradiciones orales importantes para fortalecer la propia identidad. Las historias de leyendas llevan implícita una realidad social y cultural que, a pesar de no haber analizado con los niños, evidencian la necesidad de fortalecer una comunicación, desde y en la escuela para conocer, comprender y valorar nuestras raíces. La literatura fue la excusa para abrir espacios de comunicación al interior de la escuela y la familia.

Los niños se apropiaron de la historia, del vocabulario, enlazaron sus ideas para transmitir sus pensamientos en torno a la narración, contaron lo que leyeron dejando tal cual como estaba escrito, fueron fieles al texto, no cambiaron la trama, sólo describieron los personajes y en algunos casos se formularon hipótesis sobre si era cierta o no dicha historia.

Incluso, hicieron conjeturas, inferencias y predicciones que permitieron el análisis para descubrir qué era realmente una leyenda y en qué se diferenciaba de otro texto literario como lo es el cuento.

En el caso de preescolar, por ejemplo, realizaron descripciones orales que la maestra reproducía en el tablero para todos, o enviaba tareas a casa referidas a hablar sobre lo leído en clase.


Un elemento clave de nuestra propuesta, fue el lograr un acercamiento tal a este tipo de literatura, que los niños pudieran crear un personaje con algunas de las características que habían aprendido de los personajes de leyenda. En sus representaciones algunos niños también hablaron de ellas.

En la práctica final de nuestra secuencia, algunos de los niños participaron en una feria de exposición, en la cual además de socializar con su grupo, pudieron hacerlo también con otros actores como fueron padres de familia, niños y niñas de otros cursos y docentes visitantes a quienes expusieron sus trabajos y experiencias.


Puede afirmarse que el tener un tema de qué hablar tranquilamente con nuestros niños, favorece de algún modo la comunicación, incluso con la familia, quienes constantemente aportaron a las actividades pues los niños traían nueva información a las clases.

A pesar de no ser un elemento fundamental en nuestra secuencia, pensado intencionalmente, lo consideramos un aporte clave para el desarrollo de la oralidad en nuestros niños.

La confianza que les genera el hablar, preguntar, aportar sobre un tema en particular, (personajes de leyendas en nuestro caso) está permitiendo este desarrollo innato que a través de la interacción con otros, pares y adultos, aporta a la construcción de ese sujeto social con voz propia que desde los primeros años se debe retomar. “El aula de clase puede configurarse como un escenario privilegiado para que el niño construya su propia voz… Desde la educación inicial, la construcción de una voz en el grupo escolar, por parte de los estudiantes, es una prioridad en la medida que es uno de los primeros grupos de referencia.”

Podemos asegurar entonces, que todo lo anterior apuntó a la resolución de otro de nuestros objetivos propuestos: producir de forma oral descripciones de personajes de leyendas, usando palabras propias de su caracterización literaria.





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i Mauricio Pérez Abril. “El lenguaje Oral: una condición de la vida social y ciudadana”

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